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DERECHO A UNA MUERTE DIGNA

jueves 26 de mayo del 2011 | 12:15

Última actualización: jueves 28 de julio del 2011 | 20:39

 

Por: Dr. José García Falconí

 

En artículo anteriores publicados en esta misma sección del diario La Hora, he señalado que el Art. 66 numeral 2 de la Constitución de la República garantiza a las personas el derecho a una vida digna; de aquí nace la interrogante ¿existe o no el derecho constitucional a la muerte digna en el Ecuador?, para lo cual hay que hacer varias acotaciones de orden general y legal, en un tema tan delicado y polémico como el presente.

¿QUÉ ES LA MUERTE?

 

La ciencia denominada Tanatología, palabra derivada del término griego thanatos, se ocupa de la muerte, debiendo manifestar que la muerte es un proceso totalmente natural, que se desarrolla de acuerdo con leyes fijas, claras y comprensibles, y tal es así que esotéricamente el Dr. Richard Steinpach en su obra ¿POR QUÉ VIVIMOS DESPUÉS DE LA MUERTE?, manifiesta “…de ahí se deriva la muerte terrenal: el despojamiento o desprendimiento del cuerpo físico de la envoltura etérea del espíritu; es decir, la separación. Este es un proceso que conforme las leyes establecidas, tiene lugar entre dos especies que solo pueden mantenerse unidas mediante la irradiación engendrada a partir de un grado de calor perfectamente determinado, pero, sin poder fundirse entre sí, se vuelven a separar en cuanto una de ellas no pueda cumplir las condiciones exigidas”; de lo cual ello explica la dificultad de determinar con exactitud el momento de la muerte, pues antes se pensaba que acontece cuando cesa la respiración, cuando el corazón se para, en cambio hoy en día se acepta generalmente que el ser humano está muerto cuando cesa la corriente cerebral, conforme lo señala la vigente Ley Orgánica de Donación y Trasplante de Órganos Tejidos y Células; de tal modo que la muerte clínica, es tan solo ese momento en el que la radiación del cuerpo, demasiado disminuida, no permite ya al alma mantener las funciones del cuerpo con una intensidad que puede ser medida.

 

En la parte espiritual, agrega el Dr. Richard Steinpach “La muerte, no es sino un nacimiento que nos hace retornar a un mundo del más allá, de donde hemos venido. Procuremos, por ello, no dificultar este paso precisamente a un ser querido por obra de nuestro dolor, que en el fondo no es sino egoísmo”. Termina señalando que adquirir claridad acerca de la muerte significa en realidad ocuparse verdaderamente de la vida, pues como dice el fallecido Secretario General de las Naciones Unidas Dag Hammarskjord “Si se llega al fondo del asunto, es nuestra idea de la muerte la que decide acerca de todas las cuestiones que plantea la vida”; lo cual sin duda alguna nos libra del temor a la muerte y más aún lo que es todavía más importante del temor a la vida.

 

El distinguido tratadista ecuatoriano Dr. Stalin Oviedo G., en su libro COMPENDIO DE MEDICINA LEGAL, señala “La muerte es un hecho que nunca ha dejado de preocupar a los seres humanos, y para unos es simplemente un momento necesario y un resultado lógico de la actividad vital del organismo. Para otros, es el pase hacia un eterno limbo de felicidad eterna; hacia el conocimiento de DIOS, y de sus indescifrables designios, o hacia el desconocido reino de los premios y castigos, según la fe o según las obras”.

 

El Art. 64 del Código Civil codificado señala “La persona termina con la muerte”; mientras que el Art. 65 ibídem da reglas sobre los con-murientes; y desde el Art. 66 al 80 trata sobre la presunción de muerte por desaparecimiento.

 

ANÁLISIS SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE EN LA RELIGIÓN CATÓLICA

 

El Diccionario de Ciencias Eclesiásticas tomo X, señala que nada hay más difícil que explicar que el verdadero concepto de la vida; al respecto manifiesta que Santo Tomás define a la vida diciendo que es “Aquella actividad intrínseca del ser en cuya virtud éste se mueve a sí mismo, esta definición abraza todo el definido, pues no excluye a los seres espirituales, que también tienen actividad intrínseca y conviene a sólo el definido; pues no se extiende a los seres inorgánicos o inertes, los cuales carecen de movimiento ab intrínseco”. Agrega Santo Tomás “Decimos que un animal vive cuando empieza a tener movimiento por sí mismo, y en tanto se juzga que continúa viviendo en cuanto conserva tal movimiento. Cuando ya no tiene movimiento que nazca de sí mismo, sino que es movido por otro, entonces se llama animal muerto por defecto de vida”.

 

La Iglesia Católica dice que dos son las características propias y exclusivas de los seres vivientes, a saber:

 

a) Que se mueven a sí mismos con movimiento procedente de un principio intrínseco; y,

b) Que ese movimiento no pase a otro ser distinto, sino que tenga su término en el mismo sujeto que se mueve, es decir, que la acción vital sea inminente y se quede en el ser vivo como perfectiva del mismo.

 

Concluye señalando que la vida consiste esencialmente en la inmanencia de la acción, sin embargo, como esta inmanencia es diversa según la diversa clase de seres, de aquí el que haya varios grados y clases de vida correspondientes a las varias especies de acciones inmanentes, a saber: la vida vegetativa, la vida sensitiva y la vida intelectiva.

 

Recalca que la vida vegetativa es propia de las plantas y ocupa el grado ínfimo en la escala de la vida, a causa de la imperfección de la inmanencia de sus operaciones. Mayor perfección presentan las operaciones sensitivas propias de los animales, por cuya razón la vida sensitiva ocupa el segundo grado en la escala vital; y últimamente, como la actividad intelectual es la más perfecta, de ahí es que la vida intelectiva propia de los seres inteligentes, ocupe el grado más alto en la escala gradual de la vida; recalcando que el estudio de la vida orgánica, se halla caracterizada por un movimiento continuo de renovación de la materia, entrando incesantemente por medio de la asimilación, nuevas moléculas a formar parte del organismo viviente, y separándose del mismo sin cesar otras molecular que formaron parte de él.

 

El tratadista Duilhe de Saint-Projet señala “La vida del cuerpo, es una lucha incesante contra las leyes físicas y químicas, que la empujan hacia la disgregación de los elementos orgánicos. La muerte o la descomposición del organismo corporal es, pues, una cosa más natural que la vida”. Se agrega “Un dique detiene un torrente: romper el dique, el torrente corre por su propio peso; del mismo modo el cuerpo se descompone por su propia inclinación o tendencia, que concluye siempre por arrastrarlo…”.

 

¿QUÉ ES LA VIDA ETERNA?

 

El Diccionario de Ciencias Eclesiásticas señala “Es la vida interminable que poseerán los seres racionales después de la resurrección final, con la que los justos gozarán de felicidad en el cielo, y los malos sufrirán pena en el infierno por siglos imperecederos”.

 

Agrega que a tres principalmente pueden reducirse los estados de los seres en la vida ultramundana que son:

 

  1. El de los escogidos, caracterizados por la visión beatífica o vista intuitiva y directa de Dios;
  2. El de los niños muertos sin la regeneración del bautismo, los cuales estarán privados de la visión beatífica (recordemos que el Papa Benedicto XVI suprimió el dogma del Limbo, pero subsiste el de cielo e infierno al momento de la resurrección final) ; y,
  3. El de los culpables que además del daño consistente en la privación de la visión beatífica, sufrirán una pena de sentido correspondiente a sus faltas y deméritos.

 

Aclara el diccionario “Estos son los tres estados o categorías diversas en que estarán colocados los seres en la otra vida: difícil es señalar las condiciones, límites y fases diversas que presentaran estos tres estados, pues este es un secreto que Dios se ha reservado para sí sin querer revelar al hombre durante la presente vida.

 

A veces de esto los hombres siempre han manifestado curiosidad por saber lo que pasa más allá de la tumba, habiendo abusado su ingenio, no solo de los teólogos, sino también los filósofos, los poetas, los oradores, tanto antiguos como modernos para describir los estados de la otra vida, componiendo multitud de pinturas, disertaciones y cuadros para representar tanto los goces como las penas de la vida ultramundana”.

 

 

 

BREVE ANÁLISIS SOBRE LA LEY ORGÁNICA DE DONACIÓN Y TRASPLANTE DE ÓRGANOS, TEJIDOS Y CÉLULAS

 

Primeramente debo señalar que, esotéricamente se manifiesta, que la medicina ha logrado el trasplante de órganos, pues considera al moribundo como una especie de depósito de piezas de repuesto.

 

Al respecto el Dr. Richard Steinpach en su obra PORQUE VIVIMOS DESPUÉS DE LA MUERTE manifiesta “En los hospitales se llevan a cabo, sin escrúpulos ni reparos, autopsias, se efectúan disecciones de los pretendidos cadáveres, y lo que es peor aún: desde que la medicina ha logrado el trasplante de órganos, considera al moribundo como una especie de depósito de piezas de repuesto. Muchas instituciones y personas de la vida oficial aprueban este proceder, es más, consideran como un auténtico deber de humanidad permitir que se extraigan los órganos del cuerpo inerte. No tenemos nada en contra de la bienintencionada motivación que lleva a un donante de órganos a tomar tal disposición, aunque ésta -contemplada desde un plano superior- apenas si resulta útil para el destinatario. Sin embargo, todo donante debería saber lo que arriesga con ello. En el momento de la extracción del órgano, que como es sabido se ha de verificar inmediatamente después de la pretendida muerte del donante, si se quiere que dicho órgano sea todavía utilizable, el donante no está en manera alguna verdaderamente muerto, porque de otro modo el órgano en cuestión no podría ser ya empleado. De un modo u otro, el cordón de unión no está todavía del todo desenlazado. Allí donde la densidad de dicho cordón, condicionado por la naturaleza de la correspondiente persona, resulta todavía apropiado para servir de trasmisor del dolor, el individuo sentirá todavía la intervención de modo muy palpable. Con muy buenas razones, ciertos ritos religiosos, especialmente entre los pueblos naturales, prevén, plazos mínimos entre la muerte y el sepelio o la cremación del cadáver”.

 

El 14 de febrero de 2011, la Asamblea Nacional promulga la Ley Orgánica de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células, con el propósito de implementar una legislación sobre estas circunstancias, y se crea un nuevo organismo de control y regulación para estos fines, llamado Sistema Nacional Integrado de Donación y Trasplante, que pretende colaborar con el Ministerio de Salud en el resguardo y buen uso de dichos componentes anatómicos; debiendo recalcar que esta Ley Orgánica se publicó en el Registro Oficial No. 398 de 04 de marzo de 2011, y ahora es el Organismo de Trasplante, Órganos y Tejidos ONTOT, la entidad adscrita al Ministerio de Salud Pública que está encargado de ejecutar las políticas públicas de donación y trasplante en el país.

 

Hay que recordar que el Código Penal señala “Quien en forma dolosa, extraiga, trafique, trasplante, venda o compre órganos, sustancias corporales o materiales, anatómicos de cadáveres humanos, será reprimido con prisión de tres a cinco años. Cuando se trate de la extracción de una persona viva, la pena será de reclusión menor extraordinaria de tres a ocho años, si estos órganos, sustancias corporales o material anatómico provienen de personas vivas.

 

Si los órganos, sustancias corporales o materiales, anatómicos pertenecen a personas menores de dieciocho años de edad o a personas con discapacidad, la pena será de reclusión mayor extraordinaria de doce a dieciséis años.

 

Si como consecuencia de la extracción de órganos, sustancias corporales o materiales anatómicos, se produjere la muerte o una incapacidad total y permanente, se aplicará la pena de reclusión especial de dieciséis a veinticinco años.

 

Si el autor del delito es un profesional médico, obstetra o a fin, a más de las penas señaladas en este capítulo, quedará inhabilitado en forma permanente para el ejercicio de su profesión o actividad”.

 

En la Ley Orgánica antes mencionada se determinan sanciones administrativas en los Arts. 72 al 76; debiendo señalar que el Organismo Nacional de Trasplante de Órganos y Tejidos del Ministerio de Salud Pública del Ecuador, señala con razón “El proceso de donación y trasplantes implica aspectos profundamente humanos, técnicos, éticos y afectivos, que tocan nuestras concepciones más arraigadas respecto a la vida, a la aceptación de la muerte, a nuestra forma de entender la religión y la integridad, la comprensión de los principios y valores que fundamentan la donación y trasplantes, son aspectos que van contribuyendo a desmitificar el tema y a fortalecer una voluntad mayoritaria a favor de la donación de órganos”.

 

Analicemos brevemente lo que considera esta Ley Orgánica sobre la muerte, el derecho a la salud y el proceso de donación.

 

LA MUERTE EN LA LEY ORGÁNICA DE DONACIÓN Y TRASPLANTE DE ÓRGANOS, TEJIDOS Y CELULAS

 

La Ley Orgánica de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células, en el Art. 32 señala “Autorización de donación de órganos, tejidos y células de menores de edad fallecidos.- Cuando se compruebe el diagnóstico de muerte cerebral de ecuatorianas, ecuatorianos o extranjeros, residentes legalmente en el país, menores de dieciocho años de edad y que no sean emancipados, solamente sus padres y a falta de estos su representante legal, podrán autorizar, en forma exclusiva, la donación de sus órganos, tejidos y/ células, especificando los alcances de la misma.

 

En ausencia de las personas mencionadas en el inciso anterior, podrán intervenir los jueces de la niñez y adolescencia competentes para autorizar la donación”; mientras que el Art. 29 ibídem señala que todas estas personas, sin son mayores de dieciocho años, al fallecer se convertirán en donantes, a menos que en vida hubieren manifestado, en forma expresa, su voluntad en contrario en una de las formas que se menciona en dicho artículo.

 

El Art. 41 ibídem señala, que una vez comprobada y certificada la muerte de una persona se podrá disponer de todos o parte de sus órganos, tejidos y/células; y el Art. 42 manifiesta que en caso de muerte violenta de una persona dicha extracción solamente podrá realizarse cuando no interfiera con los resultados finales de la autopsia, siendo necesario para la realización de la ablación de los órganos y tejidos la notificación previa al fiscal de turno.

 

La Ley Orgánica de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células, en sus definiciones señala “Muerte.- Para fines de esta ley, es el cese permanente de la función del organismo como un todo. Esta definición implica que el mantenimiento por medios artificiales de la función cardiovascular y ventilatoria se reduce al funcionamiento de subsistemas independientes y que la función del organismo “como un todo” se ha perdido; teniendo en cuenta que el encéfalo es el responsable de la función del organismo como un todo, se considera que “la muerte encefálica” es equivalente a la muerte”.

 

La misma ley señala “Muerte encefálica.- Cese irreversible de las funciones encefálicas, aún en presencia de un funcionamiento cardiovascular y ventilatorio artificial, certificada de acuerdo al protocolo que la autoridad sanitaria nacional reglamente”.

 

¿QUÉ ES MUERTE NATURAL REPENTINA?

 

La Dra. Isa de Jaramillo señala, que “Es la que sucede súbitamente sin un síntoma previo, como en el caso de un infarto cardiaco, un derrame cerebral, un aneurisma y otras muchas enfermedades fulminantes”.

 

¿QUÉ ES LA MUERTE NATURAL ANTICIPADA?

 

La Dra. Isa de Jaramillo señala “Es la que resulta de una enfermedad fatal cuyo pronóstico es inmodificable”.

 

CONCEPTO DE DIGNIDAD

 

Como bien lo señala el Dr. Richard Steinpach “¿No es acaso sorprendente? A pesar de todas las bajezas, a pesar de todos los horrores y crueldades que el hombre ha causado al hombre en el curso de su historia y sigue causándole hoy día, el concepto de humanidad va unido para nosotros, hoy como antes, con la idea de amor al prójimo, de dignidad y de nobleza de espíritu. Y es que en el espíritu humano está grabada indestructiblemente esta imagen, prefigurada desde su mismo origen, de su destino existencial superior, hacia el cual tiene que desarrollarse”.

 

EL RESPETO A LA DIGNIDAD HUMANA DENTRO DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

 

En varios artículos que he publicado en esta sección judicial del diario La Hora, he tratado sobre el principio de dignidad, que es la principal característica del Estado constitucional de derechos y justicia; sin embargo es menester hacer algunas acotaciones sobre el respeto a la dignidad humana, dentro del Socialismo del Siglo XXI, pues es la doctrina que aceptó el pueblo ecuatoriano el 28 de septiembre de 2008, al aprobar la Constitución de la República vigente, que se encuentra publicada en el Registro Oficial No. 449 del 20 de octubre de 2008.

 

El libro El Derecho Como Obstáculo Al Cambio Social, de Eduardo Novoa Monreal, editado por Editores Siglo XXI señala, que desde el punto de vista ético, la limitación fundamental, aunque no la única, es que el derecho no debe desconocer el respeto a la dignidad de la persona humana. Contra la afirmación de Duguit de que el individuo no es un fin sino un medio, algo así como una simple rueda en la vasta maquinaria social, y contra la tesis de Kelsen de que la noción de persona es artificial y no pasa de ser un haz de deberes, responsabilidades y derechos que la ley confiere a un hombre; la enorme mayoría de los iusfilosófos y juristas modernos consideran que el ser humano es un fin en sí mismo, que no debe ser tomado como instrumento para nadie ni para nada, por llevar en sí un valor que es independiente y superior a toda consecución de fines ajenos; y fue Kant quien postuló filosóficamente esta idea, que ya antes había sido expresada por el Cristianismo a base de fundamentación religiosa”.

 

Como bien lo trata dicho jurista, el ser humano tiene una calidad única dentro del universo conocido, pues tiene capacidad de conocimiento intelectual que le permite captar el mundo que lo rodea, sea en su naturaleza física, sea en los otros hombres, como también replegarse introspectivamente en sí mismo y percibir los fenómenos que se desarrollan en su interioridad anímica; también manifiesta que el hombre cuenta con su voluntad que le permite decidirse por las varias cosas que en lo material, por los varios valores que en lo espiritual se le presentan como susceptibles de ser apetecidos, de tal manera que el hombre es un ser capaz de progresar en un incesante y consciente perfeccionamiento de sí mismo; y todo esto constituye el origen y razón de ser de su dignidad de persona.

 

El Dr. Berman Barragán Mora señala “La dignidad es un concepto que enaltece y eleva al ser humano por sobre las demás criaturas y, aún entre nuestros congéneres, esta calidad de digno nos hace cualitativamente mejores, y espiritualmente resulta gratificante contar con dicha virtud. Muchos ciudadanos opinan que el hombre como ente viviente, tiene valores intrínsecos. Entre estos, su moral, su ética, su dignidad, su libertad, su facultad de tomar decisiones, etc. Así, mi derecho a la dignidad, comienza exigiendo que sea respetado por todos mis conciudadanos”.

 

Añade el Dr. Berman Barragán Mora en su obra La Eutanasia, lo siguiente: “Como que en el umbral de la muerte se sosiega el cuerpo, mientras que el pensamiento se aparta definitivamente de la terrenalidad de la vida; y, solo buscamos el afecto y compañía de nuestros más allegados (…). ¿Acaso en el proceso de la muerte el individuo ha perdido o ha cedido el derecho a contar con su dignidad?. Por entendido que no. Por ello tiene la facultad de solicitar que en el transitar de la vida a la muerte se le deje arribar con todo su decoro, más aún cuando éste es el último acto que desea realizarlo sin mortajas asfixiantes que opaquen su pundonor”.

 

Termina señalando, que siendo la dignidad una cualidad inherente a toda persona, sólo se nos desprenderá con la muerte; de tal modo que previo a nuestro fallecimiento tenemos dignidad, lo cual demanda que los Centros Médicos nos den los tratos y consideraciones como seres humanos que todavía somos, de tal modo que no pueden someternos a situaciones denigrantes que de por sí las enfermedades psico-físicas conllevan; pues no queremos que los suplicios de dolor provocados por nuestra salud deteriorada, puedan hacernos parecer derrotados ante la muerte, pues si fue digna y antigua nuestra vida, igualmente debe ser activa y digna nuestra muerte.

 

¿QUÉ ES MORIR CON DIGNIDAD?

 

Los Drs. Agustín García Banderas y Edmundo Estévez, citados por el Dr. Berman Barragán Mora, señala “PETRARCA: una hermosa muerte honra toda una vida. Para responder esta pregunta, debemos comenzar por dar un concepto: la dignidad es una cualidad inherente a la especie humana que se la tiene por el mero hecho de pertenecer a ella; es el respeto a que tiene derecho todo individuo desde que nace hasta que deja de existir (…) así planteado el asunto podemos afirmar que la dignidad constituye un sustento lógico de la existencia humana, la base filosófica de los derechos y deberes humanos”.

 

El Dr. Francisco Farfán Molina, citado por el Dr. Berman Barragán, entre los argumentos favor de la dignidad humana, manifiesta “Otro sector estima que el derecho a la vida, se encuentra visiblemente ligado con el valor jurídico fundamental de la dignidad de la persona, teniendo en cuenta que es el núcleo de prevención de los valores constitucionalizados (…). Dentro de esa esfera de libertad debe entrar, sin duda, el derecho a disponer de la vida que resulta insoportable e indigna a consecuencia de una enfermedad incurable”.

 

Como señala la Dra. Isa de Jaramillo, desde 1979, gracias a la labor de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, Colombia es el único país de Latinoamérica, en el que existe la posibilidad de expresar por escrito, obviamente cuando la persona es competente mentalmente, en forma autónoma y sin ningún tipo de coerción, la voluntad personal, esto es los deseos, expectativas e instrucciones en lo referente a la calidad del fin de la vida.

 

ÁMBITO DE LA MUERTE DIGNA

La muerte digna puede relacionarse con varios comportamientos, que son a saber:

a) La asistencia al suicidio, en la cual el paciente se da muerte a sí mismo y la intervención del tercero se limita a suministrarle los medios para hacerlo;

b) La eutanasia activa, en la cual el tercero es el causante de la muerte, y que puede ser voluntaria e involuntaria, según se cuente o no con el consentimiento del paciente; y,

c) La eutanasia pasiva, conocida como muerte digna, que implica la abstención o interrupción de tratamientos artificiales y extremos, cuando no hay esperanza de recuperación.

 

¿QUÉ ES LA BIOÉTICA?

 

Para entender el tema del presente artículo sobre la muerte digna, es menester hacer un breve análisis sobre lo que es la Bioética; en mi libro sobre LA RESPONSABILIDAD MÉDICA, lo analizo con bastante detalle; pero en esta oportunidad voy a hacer unas breves acotaciones, porque es fundamental para entender lo que significa la muerte digna.

 

Primeramente debo señalar que la Conferencia General de la UNESCO celebrada el 19 de octubre de 2005, aprobó la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, cuyos principios se sustentan en el respeto a la vida y dignidad de las personas y sus libertades fundamentales, recogiendo fundamentalmente la interrelación entre ética y derechos humanos, más aún dicha Declaración, reconoce que la identidad de una persona comprende dimensiones biológicas, psicológicas, educativas, afectivas, culturales y espirituales; lo cual se debe tener muy en cuenta al analizar el derecho a la identidad personal y colectiva que señala el Art. 66 numeral 28 de la Constitución de la República.

 

Sobre el derecho a la identidad, es menester indicar que como dice el Consejo Provincial de Pichincha “En el Ecuador las identidades locales, regionales y provinciales se las siente con diversa intensidad (…) construir identidad es complejo. El catedrático e historiador Juan Paz y Miño da indicios y propone como ejes el económico y geográfico (como articuladores de los pueblos) e incluso la biodiversidad ecológica”.

También hay que manifestar que uno de los principales objetivos de la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, consiste en proporcionar un marco universal de principios y procedimientos que sirvan de guía a los Estados en la formulación de legislaciones políticas u otros instrumentos en el ámbito de la bioética; al tiempo que determina que toda intervención médica preventiva, diagnóstica y terapéutica, solamente habrá de llevarse a cabo previo consentimiento libre e informado de la persona interesada, basada en la información adecuada, pues solo de este modo se da cumplimiento a lo que dispone el Art. 362 de la Constitución de la República.

 

El Art. 4 de la Ley Orgánica de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células, señala varios Principios; y entre ellos la bioética y manifiesta que es “El examen moral, interdisciplinario y ético de las dimensiones de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y la salud, examinada a la luz de los valores y principios morales”.

 

Recalco que este tema lo trato en el trabajo sobre la responsabilidad médica, sin embargo es menester volver a tratar este tema porque es fundamental para el presente trabajo, aclarando que la Bioética se debe al bioquímico, médico y oncólogo Van Renselaer Potter, quien puso en circulación la palabra Bioética en su libro BIOETHICS, BRIDGE TO THE FUTURE, en el año 1971; y como lo dice la Dra. Isa de Jaramillo, en su obra antes mencionada “Preocupado por el comportamiento depredador de la especie humana frente a la naturaleza, y luego de profundas reflexiones, Potter llegó a la conclusión de que la supervivencia del hombre dependerá de una ética basada en el conocimiento biológico. De ahí que la Bioética sea considerada la ciencia de la supervivencia. Su concepción de la ética es interdisciplinaria y abarca a las ciencias y a las humanidades, estableciendo un puente entre la ética y las ciencias biológicas, entre el hombre y su medio ambiente”; aclara que en el campo de las ciencias médicas es importante esta materia y más aún al momento de la muerte hay que aplicar principios éticos, especialmente cuando se trata de enfermos terminales.

 

¿QUÉ ES LA SOLIDARIDAD?

 

Sin duda alguna dentro de la doctrina del Socialismo del Siglo XXI que es la ideología que recoge nuestra Constitución de la República vigente, en ella se consagra el principio de la solidaridad como uno de los postulados básicos del Estado ecuatoriano, principio que como dice la doctrina y jurisprudencia extranjeras “…envuelve el deber positivo de todo ciudadano de socorrer a quien se encuentra en situación de necesidad, con medidas humanitarias. Y no es difícil descubrir el móvil altruista y solidario de quien obra movido por el impulso de suprimir el sufrimiento ajeno, venciendo, seguramente, su propia inhibición y repugnancia frente a un acto encaminado a aniquilar una existencia cuya protección es justificativa de todo ordenamiento, cuando las circunstancias que la dignifican la constituyen en el valor fundamental de todas las demás”.

 

La Dra. Isa de Jaramillo señala que Job es un patético ejemplo de valor para sobrellevar la existencia en medio de circunstancias dolorosas y degradantes, aclarando “…pero la resignación del santo justificable y dignificante sólo por su inconmovible fe en Dios, no puede ser el contenido de un deber jurídico, pues de nadie puede el Estado demandar conductas heroicas, menos aún si el fundamento de ellas está adscrito a una creencia religiosa o a una actitud moral, que, bajo un sistema pluralista, sólo puede revestir el carácter de una opción”; agrega “Nada tan cruel como obligar a una persona a subsistir en medio de padecimientos oprobiosos, en nombre de creencias ajenas, así una inmensa mayoría de la población las estime intangibles. Porque, precisamente, la filosofía informa la Carta se cifra en su propósito de erradicar la crueldad. Rorty lo ha expresado en palabras exactas: quien adhiere a esa visión humanística, es una persona que piensa que la crueldad es la peor cosa que puede hacer”; de tal modo que se plantea una disyuntiva entre las relaciones entre derecho y la moral de los deberes y no de los derechos, esto es quien vive como obligatoria una conducta, en función de sus creencias religiosas y morales, no puede pretender que ella se haga coercitivamente exigible a todos; solo que a él se le permita vivir su vida moral plena y actual en función de ella sin interferencias; y es así que la Corte Constitucional de Colombia señaló de manera categórica que “El derecho a la vida no puede reducirse a la mera subsistencia, sino que implica el vivir adecuadamente en condiciones de dignidad”.

 

¿QUÉ ES EL CONSENTIMIENTO INFORMADO?

 

BASE CONSTITUCIONAL

 

Dentro del derecho constitucional a la salud, que se encuentra regulado en los Arts. 358, al 366 de la Constitución de la República, tenemos el Art. 362 que dice “La atención de salud como servicio público se prestará a través de las entidades estatales, privadas, autónomas, comunitarias y aquellas que ejerzan las medicinas ancestrales alternativas y complementarias.

Los servicios de salud serán seguros, de calidad y calidez, y garantizarán el consentimiento informado (las negrillas son mías), el acceso a la información y la confidencialidad de la información de los pacientes.

 

Los servicios públicos estatales de salud serán universales y gratuitos en todos los niveles de atención y comprenderán los procedimientos de diagnóstico, tratamiento, medicamentos y rehabilitación necesarios”.

 

La Dra. Isa de Jaramillo señala que el consentimiento informado, se refiere a la aprobación o desaprobación por parte del paciente de cualquier tratamiento o intervención médica, siempre y cuando sea una persona competente y adulta y disponga de información suficiente, actualizada y explícita, en un lenguaje comprensible y detallado, acerca de lo que va a decidir; agrega “No es posible elegir sobre opciones que se desconocen; por tanto el médico está en la obligación de suministrar, a través de un diálogo cuidadoso y concienzudo basado en la confianza, toda la información requerida para ilustrar o apoyar la determinación del paciente. La actuación médica así sustentada no corre ningún peligro de punición (De Brigard 1998). Es recomendable buscar un punto medio de equilibrio entre la absoluta soberanía de la autonomía del paciente y el convencional paternalismo médico”; más sobre este tema del consentimiento informado, lo trato con detalle en mi obra en dos tomos sobre LA RESPONSABILIDAD MÉDICA EN MATERIA ADMINISTRATIVA, CIVIL Y PENAL Y DEL DERECHO CONSTITUCIONAL A LA SALUD.

 

De tal modo como dice la doctrina, que toda terapia debe contar con el consentimiento informado del paciente, quien en el caso de muerte digna puede entonces rehusar determinados tratamientos que objetivamente podrían prolongar la duración de su existencia biológica, pero que él considera incompatibles con sus más hondas convicciones personales.

 

JURISPRUDENCIA SOBRE LA MUERTE DIGNA

 

La sentencia T-493 de 1993, cuyo magistrado ponente fue el Dr. Antonio Barrera, en la República de Colombia, constituye una luz sobre el tema que estamos tratando, esto es el derecho a elegir en el caso de grave enfermedad, si se enfrenta la muerte o se prolonga la existencia por medio de tratamiento médico, y la tesis esencial de dicha sentencia es, que sólo el titular del derecho a la vida puede decidir hasta cuando ella es deseable y compatible con la dignidad humana.

 

Dicha Corte también ha manifestado que los derechos fundamentales, no obstante su consagración constitucional y su importancia, no son absolutos y, por tanto, necesariamente deben armonizar entre sí con los demás bienes y valores protegidos por la Constitución, pues, de lo contrario, ausente esa indispensable relativización, la convivencia social y la vida institucional no serían posibles; y además señala que si los derechos no son absolutos, tampoco lo es el deber de garantizarlos que pueden encontrar límites en la decisión de los individuos respecto a aquellos asuntos que sólo a ellos les atañe; por esta razón la Corte considera que frente a los enfermos terminales que experimentan intensos sufrimientos, este deber estatal cede frente al consentimiento informado del paciente que desea morir en forma digna.

 

OTRAS JURISPRUDENCIAS INTERNACIONALES SOBRE LA MUERTE DIGNA

 

Tenemos las siguientes sentencias de la Corte Constitucional de Colombia:

  1. Sentencia T-401 de 1992, cuyo magistrado ponente es Eduardo Cifuentes Muñoz;
  2. Sentencia T-090 de 1996, cuyo magistrado ponente es Eduardo Cifuentes Muñoz;
  3. Sentencias T-366 de 1993 y T-123 de 1994; y,
  4. Sentencias C-405 de 1993; C-189 de 1994; C-296 de 1995; C-522 de 1995; C-045 de 1996; C-093 de 1995; y sobre todo C- 578 de 1995, sobre el tema de que los derechos fundamentales no son absolutos y cuyo ponente es Eduardo Cifuentes Muñoz.

 

CONCLUSIONES SOBRE EL DERECHO CONSTITUCIONAL A MORIR EN FORMA DIGNA Y EL HOMICIDIO PIADOSO

 

La Corte Constitucional colombiana, señala que el derecho fundamental a vivir en forma digna implica entonces el derecho a morir dignamente, pues condenar a una persona a prolongar por un tiempo escaso su existencia, cuando no lo desea y padece profundas aflicciones, equivale no solo a un trato cruel e inhumano prohibido por la Constitución de Colombia en el Art. 12; y en el caso del Ecuador en el Art. 66 numeral 3 letra c) de nuestra Constitución, sino a una anulación de su dignidad y de su autonomía como sujeto moral; pues en este caso la persona quedaría reducida a un instrumento para la preservación de la vida como valor abstracto; por todo ello la Corte concluye, que el Estado no puede oponerse a la decisión del individuo que no desea seguir viviendo y que le solicita le ayuden a morir, cuando sufre una enfermedad terminal que le produce dolores insoportables, incompatibles con su idea de dignidad; pues recalca que no se trata de restar importancia al deber del Estado de proteger la vida sino a reconocer que esta obligación no se traduce en la preservación de la vida solo como un hecho biológico.

 

Además manifiesta que el deber de no matar, encuentra excepciones en la legislación, a través de la consagración de figuras como la legítima defensa y el estado de necesidad, en virtud de las cuales matar no resulta antijurídico, siempre que se den los supuestos objetivos determinados en las disposiciones respectivas; de tal modo que en el caso del homicidio piadoso, conocido como homicidio pietístico, esto es consentido por el sujeto pasivo del acto, el carácter relativo de esta prohibición jurídica se traduce en el respeto a la voluntad del sujeto que sufre una enfermedad terminal, que le produce grandes padecimientos y que no desea alargar su vida dolorosa; de tal modo que la actuación del sujeto carece de antijuridicidad, porque se trata de un acto solidario que no se realiza por la decisión personal de suprimir una vida, sino por la solicitud de aquel que por sus intensos sufrimientos, producto de una enfermedad terminal, pide le ayuden a morir; obviamente que el consentimiento del sujeto pasivo debe ser libre, manifestado inequívocamente por una persona con capacidad de comprender la situación en que se encuentra.

 

De tal manera, que para que exista el homicidio piadoso o pietístico es fundamental que el consentimiento de la persona para morir dignamente, se base en una enfermedad grave incurable y que se cuente con la capacidad intelectual suficiente para tomar tal decisión; por esta razón la Corte Constitucional de Colombia ha señalado reiteradamente, que el sujeto activo debe ser un médico, puesto que es el único profesional capaz no sólo de suministrar información al paciente sino, además, de brindarle las condiciones para morir dignamente; en conclusión, en los casos de enfermos terminales, los médicos que ejecuten el hecho descrito en la norma penal con el consentimiento del sujeto pasivo no pueden ser, entonces, objeto de sanción y, en consecuencia, los jueces deben exonerar de responsabilidad a quienes así obren.

 

De todo lo anotado se desprende que si bien existe consenso, en que la vida es el presupuesto necesario de los demás derechos, esto es un bien inalienable, sin el cual el ejercicio de los otros sería impensable, como dice la doctrina su protección en el ámbito jurídico occidental y la respuesta en torno al deber de vivir cuando el individuo sufre una enfermedad incurable que le cause intensos sufrimientos, es vista desde dos posiciones:

1. La que asume la vida como algo sagrado, y esta es la posición sin duda alguna de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, con mayoría de fieles en nuestro país; y,

2. Aquella que estima, que es un bien valioso, pero no sagrado, pues las creencias religiosas o las convicciones metafísicas que fundamenta la sacralización son apenas una entre diversas opciones.

En el caso de la primera opción, la Iglesia Católica señala que la muerte debe llegar por medios naturales; en cambio en la segunda opción se admite que en casos extremos, el individuo pueda decidir si continua o no viviendo, cuando las circunstancias que rodean su vida no la hacen deseable ni digna de ser vivida; esto es como dice la Dra. Isa de Jaramillo “Cuando los intensos sufrimientos físicos que la persona padece no tiene posibilidades reales de alivio, y sus condiciones de existencia son tan precarias que lo pueden llevar a ver en la muerte, una opción preferible a la sobrevivencia”.

 

Quiero terminar este artículo repitiendo lo que manifestaba Hans Kung en el año 1997 “Morir con dignidad es una oportunidad inmerecida, un gran regalo: el gran don. Y al mismo tiempo una gran tarea para la humanidad”; o como decía algún otro autor “La muerte es algo que no debemos temer, porque mientras somos la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”.

 

Dr. José García Falconí

DOCENTE, FACULTAD DE JURISPRUDENCIA

UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR