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DOLO EVENTUAL: TRÁNSITO

jueves 05 de octubre del 2017 | 16:55

Última actualización: martes 17 de octubre del 2017 | 15:24

DOLO EVENTUAL: TRÁNSITO

 

Autor: Dr. Juan Terán Puente

 

                                                  

Introducción

Cuando se ha realizado la clasificación y tipificación, esto es la descripción que hace la ley de un hecho punible, en este caso de las infracciones de tránsito, se ha incurrido en una equivocación al desconocer, inexplicablemente, que algunas de ellas exceden de la simple culpa,  y caen dentro del Dolo Eventual como categoría dogmática, que es una de las clases de dolo que la doctrina reconoce, conjuntamente con el Dolo Directo o de primer grado, en el cual el sujeto actúa con la voluntad deliberada de causar daño a un tercero, y el  Dolo Indirecto  en el que la finalidad del sujeto no es producir el resultado dañoso, pero éste constituye una consecuencia necesaria del hecho ejecutado voluntariamente, mientras que el mencionado  Dolo Eventual,  es aquel en que el sujeto que ejecuta un acto, no tiene la intención deliberada de causar daño, pero conoce y prevé perfectamente las consecuencias dañosas que el acto puede producir, y sin embargo lo ejecuta  y asume las responsabilidades derivadas del mismo.

Como se aprecia fácilmente, la descripción que antecede corresponde o coincide con admirable  exactitud, con lo que sucede en determinadas infracciones de tránsito, como conducir con exceso de velocidad, o mientras se habla por teléfonos portátiles, a tal punto que se cita como típico ejemplo de dolo eventual.

Es además, esta clase de infracciones la que produce el mayor número de víctimas, llegando muchas veces a verdaderas mortandades en un sólo accidente, y estos son continuos y reiterativos, y  como los ciudadanos utilizamos a diario la transportación vehicular, pública o particular, sentimos gravitar permanentemente sobre nuestras cabezas, una súbita e indiscriminada condena de muerte, que ya se ha hecho efectiva en incontables personas y familias, sumiéndolas en angustiosas tragedias emocionales y económicas, con índices tan altos que estigmatizan al Ecuador con indicadores superiores a los más altos de América, que son los de República Dominicana y Brasil, con  29,3 y 23,4 personas  fallecidas  por cada cien mil habitantes, respectivamente, según la OMS.

Tan alarmante realidad, levanta el insistente e indignado clamor de la ciudadanía, en todos los medios de comunicación y reuniones sociales, no solamente con críticas, sino con las infaltables soluciones, pero siempre éstas se ven minimizadas y prácticamente silenciadas,  por el equivocado tratamiento que da nuestra legislación a estas infracciones, primeramente por el contraste que provoca entre su evidente gravedad y la clasificación de contravenciones, que como tales son de menor gravedad, pues se cometen por negligencia, imprudencia, y/o inobservancia de normas reglamentarias, es decir únicamente con la categoría dogmática de culpa, y así las denomina como culposas.

Delitos culposos de tránsito

En segundo lugar el legislador, en su desmedido afán de excluir totalmente  el dolo de las infracciones de tránsito, se ha encontrado con la imposibilidad de negar la magnitud de ciertas infracciones, especialmente las que tienen gran cantidad de víctimas, o circunstancias potenciales para producirlas, y que generalmente corresponden a las que se cometen con dolo eventual, por lo que ha optado por crear una categoría jurídicamente imposible, por la contradicción que encierra, a la que ha denominado delitos culposos de tránsito”, que es un absurdo porque los delitos jamás pueden ser culposos, pues  un requisito esencial para que exista delito es el dolo, y si la infracción es culposa jamás puede ser ni denominársela delito, sino simplemente contravención, o, en definitiva, no pueden existir “delitos culposos”.

En consecuencia, la clasificación correcta de las infracciones de tránsito debería ser la siguiente: Contravenciones, divididas en leves y graves, y Delitos de Dolo Eventual, y de acuerdo con esta clasificación, debe realizarse la respectiva tipificación, penalización, y dictarse las normas sobre  medidas cautelares, sustitución de prisión preventiva, y demás, teniendo en cuenta al imponer las penas, la proporcionalidad que debe existir, por la menor gravedad del dolo eventual, frente al dolo directo. 

La corrección y las puntualizaciones realizadas, en ningún momento deben distraer la atención de funcionarios y de la ciudadanía en general, de los verdaderos orígenes del emergente problema de la transportación terrestre, que es la irregular y muchas veces ilegal  concesión de autorizaciones y licencias para conducir vehículos a motor,  la misma que se otorgan a personas que carecen de los niveles mínimos intelectuales, psicológicos, y/ o de capacitación específica, por lo que hasta que se eliminen estas causas, provenientes de la inmoralidad -denominada eufemísticamente corrupción- tienen especial preponderancia las medidas sancionadoras, y en consecuencia, el objetivo del presente aporte es conseguir las necesarias reformas a la ley de la materia, que actualmente forma parte del Código Orgánico Integral Penal. 

Se deja constancia, que los conceptos doctrinarios aquí expuestos, constituyen la teoría jurídica, que con el nombre de este artículo está inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual.