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Ciberbullyng: Acoso Moral y Psicológico

lunes 13 de febrero del 2017 | 09:48

Última actualización: jueves 23 de febrero del 2017 | 10:36

 

Ciberbullyng

 

Acoso Moral y Psicológico

 

 

Autor: Dr. Faustino Gudín

 

 

 

Alcance y consecuencias del Mobbing

 

El mobbing o acoso psicológico a una determinada persona con el fin de socavar su autoestima y marginarle suele gravitar en torno a actos que aisladamente pudieran considerarse anodinos o irrelevantes, pero cuyo encadenamiento en el tiempo y persistencia van minando la salud y la entereza psíquica del afectado hasta conseguir destruir su autoestima o producir enfermedades psicosomáticas que previamente no existían y que son el resultado de la indefensión que aprende la víctima. Se crea un ambiente negativo, una telaraña de odio y animadversión sobre un sujeto que no se percata de que determinadas personas mueven unos hilos entre el colectivo para anularle socialmente. En este entorno, no nos parece difícil imaginar el halo de posibilidades inmenso que generan estos instrumentos telemáticos de comunicación.

 

Procedencia

 

El científico alemán afincado en Suecia Heinz Leymann investigó el fenómeno en la década de 1980, y utilizó por primera vez el término mobbing para referirse al problema(1). Fue el etólogo Lorenz(2), ya en el año 1968, quien creó el término mobbing, vocablo que se usa en estudios del comportamiento animal, sobre todo en la ornitología, donde la conducta defensiva de un grupo de cuervos se traduce en un atosigamiento continuado de su enemigo, un búho, a fin de que éste aborreciera o abandonara una ubicación física donde moraban ellos, o simplemente para desplazarle de su nido y ocuparlo ellos. Partiendo de este estudio, se observó comportamientos análogos en determinadas especies, constatando que en ciertos casos los individuos más débiles del grupo se coaligaban para atacar a otro más fuerte (así por ejemplo ratas, babuinos o tensiones entre hienas y leones). Para definir esta situación se utilizó el verbo inglés «to mob», que se define como atacar con violencia. Por lo tanto, al igual que la violencia los sistemas de acoso son un modus vivendi que se ha transmitido de generación en generación. Este mecanismo de continuo enfrentamiento social se utiliza para que un grupo reducido actúe sobre potenciales rivales o para la eliminación de determinados elementos del grupo que se consideran más débiles (comportándose como un sistema implacable de eugenesia social(3).

 

Modalidades y propósito del ‘mobbing’

 

Esta persona o grupo de personas reciben una violencia psicológica reiterada a través de conductas de acoso en el ámbito de su trabajo por sus jefes (mobbing descendente) compañeros (mobbing horizontal), subordinados (mobbing ascendente), de forma sistemática y recurrente, durante un tiempo prolongado que pueden llegar a ser meses e incluso años. Pretenden hostigar, intimidar, o perturbar hasta el abandono del trabajo a la víctima o víctimas. En el ámbito escolar, Dan Olweus sostiene que «un estudiante se convierte en víctima de acoso escolar cuando está expuesto, de forma reiterada y a lo largo del tiempo, a acciones negativas llevadas a cabo por otro u otros estudiantes».

 

Según Iñaki Piñuel, el acoso psicológico posee como propósito empequeñecer, intimidar, aplanar, apocar, amedrentar y consumir emocional e intelectualmente a la víctima, con vistas a eliminarla de la organización o satisfacer la necesidad insaciable de agredir, controlar y destruir que suele presentar el hostigador, que aprovecha la situación que le brinda la situación organizativa particular para canalizar una serie de impulsos y tendencias psicopáticas. El acoso psicológico puede ser un fenómeno típico de ambientes laborales con una organización productiva desastrosa o sistemáticas arbitrarias de trabajo además de una administración incompetente y desatenta. También se afirma que los afectados son normalmente individuos excepcionales con demostrada inteligencia, competencia, creatividad, integridad, talento y dedicación.

 

En el caso del menor agredido, al enfrentarse a experiencias de victimización, su imagen se deteriora y se daña su autoestima personal. En efecto, «para las víctimas puede resultar terrorífico ser objeto de abuso, no sólo por lo que supone de daño físico y psicológico, sino también por el daño moral que les provoca la humillación de ser considerado un estúpido, un débil y un marginado social. La víctima, llena de temores, que intenta contener y disimular, por un sentimiento de vergüenza, suele percibir su situación causada por su propia debilidad social y su escasa capacidad para afrontar las relaciones interpersonales; sin contemplar que éstas son especialmente injustas y duras para cada persona»(4).

 

También suele utilizarse el término bullying (literalmente «los toritos», enfocado al matonismo), que viene a ser una especie dentro del género caracterizada por que siempre está presente la violencia física, mientras que en el mobbing(5)las estrategias que utilizan los acosadores o mobbers siempre son más psicológicas y sutiles, pues la intención es no dejar rastro o huella del acoso, para que el acosado o mobbed aparezca como un trabajador incompetente, conflictivo o problemático. Como refiere Oñate Cantero(6), la agresión física (aunque más llamativa) representa tan sólo una pequeña parte del total de las conductas de hostigamiento. Para comprender bien la dinámica del mal al que nos enfrentamos Varela Autrán(7) nos recuerda que el hombre es un ser dotado de razón pero, también, de instintos. En la medida en que estos últimos preponderan sobre el ser racional se desatan sentimientos perversos que dan lugar a consecuencias impredecibles. La historia nos recuerda los enormes padecimientos sufridos por la humanidad a través de los siglos, en muchos de los cuales se advierte la perversión del hombre como hilo conductor capaz de generar los más ominosos sufrimientos.

 

 

 

 

El mobbing se suele utilizar por parte de algunos directivos de la organización como una estrategia de management. Es frecuente que en algunas organizaciones se utilice el mobbing como un instrumento para deshacerse de aquellos empleados especialmente molestos a los que no se puede reprochar nada, para lo cual utilizan la táctica de la quiebra de su resistencia psicológica, hundiéndolos emocionalmente para deshacerse de ellos sin que suponga un coste económico para la empresa. De esta forma, se maltrata psicológicamente a los trabajadores para destruirlos y forzarlos a dimitir o abandonar su lugar de trabajo. También en el ámbito escolar compañeros que presentan a ojos del mobber determinadas potencialidades ansiadas pero no poseídas (así se enfrenta a alguien más inteligente, mejor apariencia física, mayor aptitud para el deporte, etc.).

 

Para sobrevivir al mobbing (y siempre de forma complementaria a otras acciones laborales, médicas, jurídicas, y otras facetas), la estrategia personal consiste en comprender cuanto antes el fenómeno y hacer frente de manera proactiva, rompiendo la indefensión y solicitando la protección de la salud laboral en riesgo de daño.

 

La estrategia terapéutica en el trabajo con las víctimas de mobbing suele consistir no tanto en aclimatarlas al hostigamiento cuanto en ayudarlas a recuperar la autoestima y a romper el proceso de indefensión aprendida que el mobbing termina generando.

 

El mobbing está considerado no tanto como una nueva enfermedad sino como un riesgo laboral de tipo psicosocial. Las enfermedades a que da lugar el mobbing no son nuevas. Se trata de enfermedades que, en la medida en que son producidas por la exposición del trabajador a este riesgo psicosocial, deben ser catalogadas como derivadas del trabajo. El cuadro de daño más habitual en los casos de mobbing suele ser el síndrome de estrés postraumático. Un cuadro que muy frecuentemente se confunde con depresión y problemas de ansiedad.

 


 Entidad del Problema

 

Como ya hemos apuntado, las redes sociales de Internet se han constituido en el siglo xxi en quizás el principal instrumento de comunicación y socialización, siendo una de sus principales funciones servir de plataforma desde donde se puede compartir experiencias y momentos vitales. Las recientes revueltas de la denominada primavera árabe de 2011 pusieron a la luz la capacidad de derribar, por parte de Internet, catalizando el disgusto de la opinión pública, a determinados regímenes militares que parecían si no indestructibles al menos sólidamente asentados.

 

Una de las manifestaciones más frecuentes de este fenómeno de intercomunicación es la publicación de fotografías o la divulgación de experiencias íntimas o personales. La vida privada se populariza cada vez más y de un modo casi inmediato gracias a los smartphones conectados a Internet(8). En ocasiones, especialmente por parte de los adolescentes, las imágenes que se publican son poco afortunadas y pueden ocasionar contrariedades futuras a sus protagonistas entre otras razones porque, dada la dimensión atemporal de Internet, una imagen oprobiosa puede permanecer inveteradamente en la red y si su contenido es ridiculizante o vejatorio los daños personales son difícilmente estimables. Si se añaden etiquetas que los identifican con nombres y apellidos, que comúnmente se pueden acompañar con comentarios de mofa o burla sobre el protagonista de la escena, las consecuencias son aún más graves.

 

 

En estas redes, sobre todo en adolescentes, existe una velada y soterrada competición de lucimiento y una pretensión de ocupar un rol de referencia, y cuando uno se topa con un rival más popular o carismático las vías para derribarlo del trono digital suelen venir acompañadas de la denigración personal.

 

Cuando se trata de foros cerrados entre escolares o personas que tienen una clara representación en el mundo exterior cotidiano las consecuencias se hacen más graves, pues los hostigamientos no se circunscriben a Internet, sino que se extrapolan a su vida cotidiana. Las posibilidades que concede a un acosador el uso de las modernas tecnologías son evidentes. Hay que percatarse de que se utilizan compañías foráneas (Facebook, Twitter, Tuenti y Linkedin, etc.), que permanecen altamente impermeables a la autocensura y solo en casos concretos y a título de beneplácito se deciden a actuar. Los procedimientos compulsivos sobre las mismas para lograr un adecuado control desde Europa son altamente tortuosos, duraderos y difíciles. En definitiva, cuando finalmente se adoptan medidas ya se ha llegado demasiado tarde(9).

 

 

Todos los especialistas coinciden en el diagnóstico: la educación y la conciencia social son los dos pilares para disminuir la violencia. Y alegan que el problema no es la herramienta, sino el mal uso y la falta de controles, lo que viene a significar la necesidad de establecer un estatuto jurídico internacional que regule Internet y unas pautas deontológicas de la compañías que explotan sus contenidos(10).

 

Como ya apuntamos, el acoso, la violencia y la intolerancia son anteriores a Facebook, las burlas, las bufonadas, así como los ataques físicos y verbales entre compañeros, suponen una parte negativa a la que desgraciadamente casi todo escolar debe soportar en alguna ocasión durante su etapa de formación. Aunque la virtualidad hace que ciertas conductas se pongan de relieve, se magnifiquen y se sobredimensionen, no son fenómenos generados por el uso de una determinada página web.

 

Medidas judiciales

 

En las redes sociales, escolares o laborales, sería lege ferenda necesario dotarlas de un equipo de moderación que monitoreara los contenidos generados en ella, de manera manual o automatizada, con el fin de minimizar la información inapropiada. También los usuarios contribuyen a esta vigilancia a través del botón «denunciar» o desde el Centro de Ayuda. Anterior a una judicialización de las redes habría que priorizar un filtro telemático: un sistema de autorregulación propio donde los moderadores contacten directamente con el usuario responsable del contenido, tratando de explicarle las razones por las cuales tiene que eliminar esa información, y en su defecto se podrían borrar aquellos, por lo que sólo los comportamientos más graves tendrían un eco judicial.

 

Actualmente, con independencia de la responsabilidad penal, desde el plano administrativo, la Agencia Española de Protección de Datos establece distintas sanciones por el uso indebido de datos personales en Internet, entre ellos destacamos principalmente el uso de imágenes sin el consentimiento del interesado(11).

 

Artículo publicado en el portal Jurídico Lex Nova

 

(1)  Lo definió en el Congreso sobre Higiene y Seguridad en el Trabajo en el año 1990 como «Situación en la que una persona ejerce una violencia psicológica extrema, de forma sistemática y recurrente y durante un tiempo prolongado sobre otra persona o personas en el lugar de trabajo con la finalidad de destruir las redes de comunicación de la víctima o víctimas, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr que finalmente esa persona o personas acaben abandonando el lugar de trabajo».

 

(2)  Vid. Lorenz, Konrad, Consideraciones sobre las conductas animal y humana (trad. Sabrido, Ángel), 1.ª Ed., Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1974, pp. 221 y ss. El autor dedica un capítulo entero al comportamiento de las ratas, animal que según él opera los mismos comportamientos que el hombre, razón por la que sobreviven tan bien y son tan difíciles de erradicar. Cuando dos comunidades de ratas de distinta procedencia se ponen en contacto en el mismo hábitat, pronto empiezan a luchar entre sí y a definir su territorio, acabando cada grupo por retirarse a una zona bien delimitada que defienden a morir. Si en vez de grupos se introducen en el nuevo hábitat varios individuos aislados, cada uno procedente de un grupo diferente, se observa que inicialmente todos procuran evitarse unos a otros, luchando tan sólo cuando no les queda más remedio. Sin embargo, en cuanto se forma una pareja la formación convivencial ataca al resto, acabando paulatinamente con todos, uno a uno, de la manera más cruel. De forma sorprendente, en cuanto empiezan a tener descendencia, la cruel pareja cambia su comportamiento y se vuelve paciente y tolerante con sus propias crías. Aunque la comunidad se extiende y apenas se reconocen de vista, se olfatean y se protegen porque todos poseen el mismo olor, el olor a clan. Si en esta sociedad tan armoniosa se introduce una rata de distinto origen, no ocurre nada durante cierto tiempo, hasta que el individuo pasa demasiado cerca de una de las ratas del clan. En este momento sucede algo terrible: la rata que ha detectado al intruso emite un gruñido o chillido de descontento, que desencadena una reacción colectiva de gran ferocidad: todas las ratas, con los pelos erizados y ojos protuberantes, se abalanzan sobre el intruso, al que destrozan sin piedad. Éste raramente se defiende y en muchas ocasiones muere de miedo tras iniciarse el ataque. De estas experiencias contrastadas advierte Lorenz que el mobbing es una parte del comportamiento evolutivo, una manifestación del «darwinismo social», en virtud del cual los animales más adaptados y fuertes condicionan a aquellos que son constitucionalmente inferiores para que abandonen determinados territorios o ámbitos, sin recurrir necesariamente al enfrentamiento físico.

 

(3)  Posteriormente a los estudios biológicos, Brodsky, en una publicación de 1976, relacionada con el mobbing en el mundo laboral, hacía referencia al Trabajador hostigado. Sin embargo, no realizó más que una alusión periférica con una referencia muy escueta, ya que su libro iba más encaminado a describir la vida dura del trabajador y su situación. Brodsky no estuvo interesado en el análisis de estos casos de coacción psicológica, sino más bien pretendía que se implantara una nueva ley del ambiente de trabajo en Alemania.

 

(4)  Vid. Ortega Ruiz, Rosario, «Víctimas, agresores y espectadores», Cuadernos de Pedagogía, núm. 391.

 

(5)  Otros vocablos utilizados en lengua extranjera son el de «harassment», que equivale a hostigamiento, el de «whistleblower» (literalmente los que soplan el silbato, en alusión a los que denuncian situaciones injustas y sufren por ello las consecuencias de un entorno laboral hostil que los boicotea y asedia, llegando incluso a amenazarlos y agredirlos) y el «ijime» en japonés. (Vid. Luelmo Millán, Miguel Ángel, «Acoso moral o "mobbing". Nuevas perspectivas sobre el tratamiento jurídico de un tema intemporal de actualidad», Revista de Derecho del Trabajo,núm. 115, 2003, p. 9 y nota 14. Vid. también Villegas Fernández, Jesús Manuel, «Teoría penal del acoso moral: "mobbing", "bullying", "blockbusting"». Estudios. Boletín del Ministerio de Justicia, núm. 1997 de 2005, p. 7. También Piñuel Zabala, Iñaki, «Mobbing. La violencia psicológica en el trabajo (I)», en <http://www.el-refugioesjo.net/bib/cisnerosI.htm>. Vid. la importante obra de Leymann, Heinz, «Mobbing at work and the development of postraumatic stress disorders», European Journal Of Work and Organizational Psychology, vol. 5, núm. 2, 1996.

 

(6)  Vid. Oñate Cantero, Araceli, «Acoso y violencia escolar. Precisión terminológica e implicaciones jurídicas», El Mobbing desde la perspectiva social, penal y administrativa. Estudios de derecho Judicial núm. 94, CGPJ, Madrid, 1997, p. 90.

 

(7)  Vid. Varela Autrán, Benigno, «El acoso moral o mobbing en el trabajo», Cuadernos de Derecho Judicial núm. 5, 2003, p. 259.

 

(8)  En España, el Estudio sobre hábitos de seguridad en el uso de las TIC por niños y adolescentes y e-confianza de sus padres, del Observatorio de la Seguridad de la información de INTECO, elaborado a partir de encuestas a menores de entre 10 y 16 años y a sus padres o tutores, muestra cómo un 5,9% de los chicos afirma haber sido víctima de ciberacoso, mientras que un 2,9% afirma haber actuado como acosador. Mensajería instantánea, chats, mensajes de móvil, correo electrónico y redes sociales se convierten en nuevos espacios para la burla, las exclusiones y, en no pocas ocasiones, la vulneración de principios básicos relacionados con el honor, la intimidad y la propia imagen.

 

(9)  Algunos de los grupos de Facebook tienen denominaciones claramente discriminatorias, racistas, xenófobas o incitadoras al odio: «Fumigar a los negros cabeza», «Odio a los judíos», «Odio a los bolitas que usan ropa trucha», «Yo también odio a los pobres», «Mataría a un villero si me dicen que nadie se entera», o «tres razones para odiar a Romina Perrone» (la niña de 10 años que sufrió ciberbullying por una compañera de clase).

 

(10)  La encuesta de Slonje y Smith, realizada en 2009 en siete países -entre ellos EE.UU., España, Colombia y Chile- dio como resultado que el 12,1% sufría ciberbullying. Entre ellos el 22,4% de los varones usó los teléfonos digitalizados o la mensajería instantánea para perjudicar a otros, frente al 13,4% de las chicas. En cuanto a las víctimas eran el 19,25% de los chicos y el 13,8% de las chicas.

 

(11)  Así pues, el 27 de diciembre de 2010 el Director de la AEPD, Artemi Rallo, compareció ante la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados advirtiendo del peligro de la privacidad de datos por el uso de Internet, sobre todo por la expansión de las redes sociales, la comisión de infracciones y sanciones al respecto, pronunciándose como sigue a continuación: «Respecto a la difusión de imágenes en Internet y, en particular, el fenómeno "You Tube"», ha recordado «que todos debemos respetar el derecho de las personas a que su imagen no se difunda universalmente en Internet sin su consentimiento», y, por ello, ha dicho, «si no se cuenta con el consentimiento de las personas cuyas imágenes son captadas y difundidas se incurre en una infracción grave de la LOPD». Rallo ha recordado que recientemente la Agencia ha adoptado la primera resolución en este ámbito, referida a la difusión de imágenes en la calle Montera por Internet, para la cual ha contado con la colaboración de los prestadores de estos servicios y de operadores de telecomunicaciones para poder identificar a los autores de estas infracciones, por lo que ha advertido «que debemos ser conscientes de que el uso de estos servicios en Internet no garantiza ni protege el anonimato de quien las difunde». Además, ha añadido que existen otras actuaciones en marcha sobre conductas vejatorias a menores o peleas entre grupos juveniles.