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Femicidio y Criminología Mediática

jueves 30 de marzo del 2017 | 09:19

Última actualización: lunes 22 de mayo del 2017 | 14:09

Femicidio y Criminología Mediática

 

Autor: Ab. José Sebastián Cornejo Aguiar.[1]

 

El objetivo de este trabajo es determinar cómo se podría condenar a una persona por un delito de femicidio establecido en el Código Orgánico Integral Penal, generado gracias al poder introyectivo de la criminología mediática, conceptualizada como aquella que se muestra en televisión, la comentan todos entre sí y se la verifica por comentarios de una persona a otra, tomando en consideración que de la lectura del tipo penal se infiere que para la configuración de este tipo penal consiste.

En que la muerte de la mujer se debe producir como resultado de relaciones de poder manifestadas en cualquier tipo de violencia, por el hecho de serlo o por su condición de género.

Siendo necesario efectuar un análisis desde la significación del tipo penal de femicidio, así como de las alternativas, que con el pasar de los años han venido generando un rango de protección, y reconocimiento de los derechos de la mujer.

Para una vez conceptualizado su reconocimiento y desarrollo de la configuración del tipo penal de femicidio; poder determinar cómo las personas comenzamos a hablar repitiendo lo que escuchamos a nuestro alrededor, y contamos la historia como nos la cuentan, tal es así que incluso se puede determinar la existencia de un tipo penal de femicidio sin la existencia previa de una sentencia condenatoria.

Para finalmente poder analizar como la funcionalidad de las víctimas es explotada por los medios en ciertos casos, en donde se evidencia que los familiares de la víctima aparecen en pantallas y despiertan el interés morboso de la colectividad direccionada a la espera de que el cometimiento de la acción efectuada por el presunto agresor configure un delito violento, que permita generar una visión simbólica mediante la aplicación de un castigo ejemplar.

1.- El Tipo Penal de Femicidio

             El término femicidio según Diana Russell y Jill Radford en su texto “Femicide: The Politics of Women Killing”, es definido como el asesinato de mujeres, cometido por hombres, por el hecho de ser mujeres.[2] Por su parte para Marcela Lagarde, el femicidio se entiende como la muerte de mujeres sin especificar las causas de estas muertes.[3]

Mientras que por otra parte también se hace alusión al concepto de genericidio, utilizado por la antropóloga norteamericana Mary Anne Warren en su obra “Gendercide: The Implications of Sex Selection”, la misma que establece estadísticamente, que las mujeres en edad reproductiva tienen mayores probabilidades de ser mutiladas o asesinadas por hombres que de fallecer por enfermedades, incluidos el cáncer y las enfermedades infectocontagiosas, accidentes de tránsito; laborales y guerras.[4].

Es decir el femicidio propiamente dicho deriva de la castellanización del término feminicide, que comenzó a utilizarse en el mundo angloparlante para describir las muertes producto de la violencia de género contra las mujeres,[5]violencia que deviene en una parte por la interrelación entre el patriarcado y el capitalismo que según Zilah Eisenstein corresponde a:

[…] la dependencia mutua del patriarcado y el capitalismo no sólo asume la maleabilidad del patriarcado frente a las necesidades del capitalismo, sino que asume la maleabilidad del capital frente a las necesidades del patriarcado para operar eficientemente […]”[6]

Es decir este concepto permite conceptualizar la naturaleza patriarcal, misma que es un elemento definidor para el análisis de la violencia de género, que según Jorge Eduardo Buompadre: […] también es violencia, pero se nutre de otros componentes, diferentes a aquellos que caracterizan a los crímenes violentos convencionales: un sujeto pasivo femenino, un sujeto activo masculino y un contexto específico en el que germina la conducta criminal para doblegar y someter a la víctima.”[7]

Tanto así que para Zaffaroni con la publicación del Malleus Maleficarum, el enemigo a destruir era el diablo, pues según lo que se entendía en la época, él afectaba las almas de las personas, llevándolas a disentir con la autoridad y convirtiéndolas en herejes. Pero no afectaba a cualquier sujeto, sino que había un cierto grupo social, que, por ser genéticamente más débil, también sería el que resultase más vulnerable; este sector no es otro que el de las mujeres. Era a ellas a quienes había que perseguir a fin de detectar posibles conductas desviadas y quienes debían ser exterminadas a tiempo en la medida de lo posible.[8]

Podría decirse, entonces que si se consideraría desde el punto de vista de la aplicación del poder por sobre la mujer este tipo penal, de alguna manera, ha estado latente desde tiempos inmemorables; no obstante es necesario referirnos a que el tipo penal de femicidio toma más fuerza, a raíz de lo sucedido en 1993, en Ciudad Juárez, misma que ha sido escenario de una sistemática violencia contra las mujeres, manifestada de diversas formas en los homicidios de mujeres y niñas que han tenido lugar en esa ciudad.[9]

Siendo uno de los casos más conocidos, el denominado “Campo Algodonero”, correspondiente al homicidio brutal y con móvil sexual de 8 mujeres, [10]que conllevo al Estado a tomar distintas medidas para combatir la situación de Ciudad Juárez,  generando una prevención e investigación de los casos de violencia contra la mujer y homicidios por razones de género; ya que la situación de violencia contra la mujer, discriminación e impunidad, debe ser atendida, tanto así, que la Corte resaltó que es necesario se realice un programa de educación destinado a la población en general del estado de Chihuahua, con el fin de superar dicha situación.[11].

En esta misma línea, es necesario destacar que con el pasar del tiempo se han venido buscando alternativas, para generar un rango de protección, y reconocimiento de los derechos de la mujer, como son la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, la Convención sobre Derechos Políticos de la Mujer[12], la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, y dentro del ordenamiento jurídico Ecuatoriano la denominada “Ley Contra la Violencia a la Mujer y la Familia”[13], conjuntamente con la expedición del Reglamento General a la Ley Contra la Violencia a la Mujer y la Familia.[14]

Evidenciando la existencia de políticas, de alguna manera, fueron expuestas como los considerandos, para la declaratoria del día de la No Violencia en contra de la Mujer,[15]políticas que se han ido implementando para subsanar lo que para Marcela Rodríguez, es conceptualizado, como que hombres y mujeres no empiezan con las mismas oportunidades por causas socialmente construidas y que por ende, la aplicación de reglas neutrales conduce a resultados desiguales, tomando en cuenta que nuestras sociedades son patriarcales. [16]

Como, lo hemos visualizado a groso modo, las políticas de protección a favor de la mujer tienen un punto difurcante, el cual es el reconocimiento, goce y ejercicio de sus derechos, mediante la concesión de políticas que buscan generar un mayor grado de protección y una consideración de la violencia intrafamiliar.

2.-El poder introyectivo de la criminología mediática:

Previo al análisis de este tema es necesario indicar el concepto de la criminología, mismo que para Hilda Marchiori : “[…] es una disciplina científica e interdisciplinaria que tiene por objeto el estudio y análisis del delito, de la pena, delincuente, victima, criminalidad, reacción social institucional, cultural y económica a los fines de la explicación, asistencia y prevención de los hechos de violencia […]”[17]

            Es decir, partiendo de este concepto, se puede tener en claro, que la criminología, es una ciencia, que estudia el delito, por ende se debe enfatizar además en la prevención del mismo, así como el tratamiento que se les debe dar tanto al delincuente como a la víctima, concepto, que ha ido variando, con el pasar de los años, dando lugar, a que surja la criminología mediática, objeto de este análisis, misma que hace referencia a los estereotipados, basándose en una interacción social definida por obviedades, ya que construye un concepto de seguridad del todo particular, abarcando la prevención, con un impulso vindicativo, en contra de los que aparentemente son peligrosos.[18]

En tal sentido es necesario indicar que los estereotipos de alguna manera se siguen construyendo en razón del poder introyectivo de la criminología mediática, en razón de que si se replica una y otra vez por varios medios de comunicación, y divulgado en diferentes entornos sociales, una noticia en donde ya se de por sabido que se trate de un femicidio o de cualquier otro delito influye en la consideración el momento de la emisión de la sentencia del juzgador.

Ya que se podría configurar lo que para Norberto Tavosnanska, manifiesta cuando se refiere a lo enunciado por Eugenio Raúl Zaffaroni en su trabajo Criminología Mediática, a que en la actualidad los medios de comunicación masivos juegan un rol fundamental en cuanto a la construcción social que pretenden difundir, ya que éstos suelen reemplazar fácticamente los organismos del sistema penal, con resultados no deseados generando en amplios sectores de la sociedad pedidos de políticas criminales autoritarias.[19]

Mismas que conllevan a creer que ante la ausencia de una política criminal clara y determinada, los medios llenan ese lugar manipulando la información y creando a menudo necesidades ficticias o exageradas.[20]

3.- La funcionalidad de las víctimas

Para María Del Pilar Martín Rios, el: “[…] resurgimiento de la figura de la víctima del delito que, largamente preterida en pro de una mayor atención prestada al victimario, fue secularmente condenada al olvido. Venturosamente, esa situación va siendo progresivamente superada y a la víctima experimenta notables avances en el proceso de recuperación del papel del que es merecedora.”[21]

Ya que por ejemplo si la víctima es un personaje público, es frecuente que los comunicadores sociales se interesen en el desenlace del porque se produjo la comisión del delito y de alguna manera influyan en el proceso de victimización secundaria que según Beristaín: “hace referencia a la mala o inadecuada atención que recibe la víctima una vez que entra en contacto con el sistema de justicia.”[22]

Lo cual se busca evitar por parte de la administración de justicia que en ciertas ocasiones imparte un castigo ejemplar a fin de que los familiares que aparecen en las pantallas se sientan de alguna manera satisfechos con la sanción ejemplificante que despierta un interés en la sociedad.

            No obstante es necesario destacar que victimas también son los familiares del sentenciado tal como lo manifiesta Enrique Echeburúa, Paz de Corral y Pedro J. Amor, en su artículo “Evaluación del daño psicológico en las víctimas de delitos violentos”, cuando se refiere a que la victimización secundaria, es la relación posterior establecida entre la víctima y el sistema jurídico penal.[23]

Concepto que en palabras de Miguel Ángel Soria, se entendería, “como todas aquellas acciones, omisiones y conductas inadecuadas de funcionarios y empleados públicos que entran en contacto con la víctima, en cualquier etapa del proceso penal y que le provocan a esta algún tipo de daño físico, psicológico o patrimonial. […]”[24]

A lo cual hay que sumarle, que posterior a la comisión del delito, es en donde empieza la criminalización secundaria, ocasionada por parte de las Instituciones del Estado, al no garantizar, el derecho de la víctima del delito a una justicia pronta, oportuna y sin dilaciones.

Es decir, constituye sin lugar a dudas una falta de atención a las víctimas, que incluso bien podría ser el sentenciado ya que no obtuvo una  justicia oportuna, y en lugar de ello, lo único que genera es una victimización constante, que hace referencia a una condición no libre ni voluntaria, sino dada por el ejercicio de otro poder, que ejerce fuerza o presión, dentro del proceso penal.

 

 



[1] Abogado por la Universidad Internacional Sek (Quito, Ecuador); Especialista en Derecho Penal por la Universidad Andina Simón Bolívar (Quito, Ecuador), Candidato a Especialista en Migración, Desarrollo y Derechos Humanos por la FLACSO; Autor de los libros Mundo, Alma y Vida; Senderos de Organización y Funcionamiento del Poder Judicial; Breves Nociones de la Criminología, la Penología y la Victimología en el Contexto Criminal; y Teoría General de los Recursos y Remedios Procesales en el COGEP. scor1719@hotmail.com.

[2] Rusell, Diana y Harmes, Roberta, Feminicidio: Una Perspectiva Global (México DF: Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Autónoma de México, 2006).

[3] Marcela Lagarde, El feminicidio de Ciudad Juarez ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (México: En tiempo de Paz., 2010).

[4] Mary Anne Warren, Gendercide: the implications of sex selection, New feminist perspectives (Totowa, N.J: Rowman & Allanheld, 1985).

[5] Ibid.

[6] Zilah Eisenstein, Developing a Theory of Capitalist Patriarchy and Socialist Feminism, en: Zillah Eisenstein (comp), Capitalist Patriarchy and the Case for Socialist Feminsm, s. f.

[7] Jorge Eduardo Buompadre, «LOS DELITOS DE GÉNERO EN LA REFORMA PENAL(Ley No 26.791)», pensamiento penal, 2013, http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2013/02/doctrina35445.pdf.; p.2

[8] Eugenio R. Zaffaroni, Alejandro Alagia, y Alejandro Slokar, Manual de Derecho Penal Parte Gral., Capítulo I, «Poder Punitivo y Derecho Penal», 2001.a ed. (Editorial Ediar, s. f.).

[9] José Sebastián Cornejo Aguiar, «Las Relaciones de Poder, en el Tipo Penal de Femicidio», Derecho Ecuador, 29 de marzo de 2016, http://www.derechoecuador.com/articulos/detalle/archive/doctrinas/derechopenal/2016/03/29/las-relaciones-de-poder--en-el-tipo-penal-de-femicidio.

[10] Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso  González y otras (Campo Algodonero) vs. México, Resolución del Presidente de la Corte Interamericana, 16 de noviembre de 2009.

[11] Ibid.

[12] Convención sobre Derechos Políticos de la Mujer (1954).

[13] Ecuador, Ley Contra la Violencia a la Mujer y la Familia, en Registro Oficial, No. 839 (Quito, 11 de diciembre de 1995)

 (s. f.).

[14] Ecuador. Presidencia de la República, "Reglamento General a la Ley Contra la Violencia a la Mujer y la Familia" en Decreto Ejecutivo 1982 (s. f.).

[15] Ibíd.

[16] Marcela Rodríguez, Igualdad, Democracia y Acciones Positivas, en Facio y Fries, eds.; Género y Derecho (Chile: Lom, 1999).

[17] Hilda Marchiori, Criminología: teorías y pensamientos (México, D.F.: Editorial Porrúa, 2004)., p.3

[18] Eugenio Raúl Zaffaroni, La palabra de los muertos: conferencias de criminología cautelar, 1. reimpr (Buenos Aires: Ediar, 2011).

[19] Tavosnanska, Norberto, Los códigos de los mass media en el tratamiento de los temas criminales., N° 8 vols. (Buenos Aires: Revista Jurídica del Centro de Estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales, 1996)., p.18-19.

[20] Norberto Tavosnanska, Seguridad y política criminal (Buenos Aires: Editorial Cathedra Jurídica, s. f.).,p.32.

[21] María Del Pilar Martín Ríos, «La reparación a las víctimas del delito por parte del Estado: análisis del caso español», Revista di Criminologia, Victtimologia e Sicurezza Vol . II-N°3 (2008)., p. 89.

[22] Beristain, Antonio., Criminología y Victimología. (Colombia: Leyer, 1999).

[23] Enrique Echeburúa, Paz de Corral y Pedro J. Amor, Evaluación del daño psicológico en las víctimas de delitos violentos, Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos Facultad de Psicología. Universidad del País Vasco., vol. IV (España, 2004), http://masterforense.com/pdf/2004/2004art19.pdf.

[24] Miguel Ángel Soria., Psicología de la victimización criminal, en Psicología criminal. (España: Pearson Prentice Hall, 2005)., p. 256.