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VERDAD PROCESAL

lunes 07 de agosto del 2017 | 16:25

Última actualización: jueves 24 de agosto del 2017 | 11:56

 

VERDAD PROCESAL

 

                                              



“LA VERDAD OS HARÁ LIBRES” evangelio de San Juan 18, 33-38 

Autor: Dr. José García Falconí

 

Como manifesté en el anterior artículo, estoy trabajando sobre el tema del recurso extraordinario de revisión en materia penal, a fin de publicarlo en las próximas semanas y el nudo crítico que se presenta es que, este recurso tiene como fin buscar la verdad real o histórica, que está a cargo del recurrente, para que tenga éxito en el recurso de revisión planteado.

 

De aquí nacen las grandes interrogantes: que es la verdad; las clases de verdad; y en esta oportunidad quiero compartir con el amable lector de la revista judicial del diario La Hora, parte del trabajo que estoy realizando, y justamente, sobre la verdad; recordando, que el evangelio narra que cuando Pilatos le pregunto al maestro Jesús ¿Qué es la verdad?, el maestro no contesto y agacho la cabeza; pero como es de conocimiento general, los evangelios manifiestan que Jesucristo dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie llega al padre sino por intermedio mío.   

 

¿Qué es la Verdad?

 

Este tema estaba en discusión en el ámbito filosófico durante toda la historia de la humanidad, pero lo que nos interesa en este caso, es el problema de la verdad circunscrito dentro del contexto del proceso.

 

La idea de que se debe ganar o perder una causa sobre la base de la demostración de la efectiva realidad de los hechos (además de la correcta interpretación de las normas), es un tema común obvio, pero esta no es una buena razón para considerarla infundada; de tal modo, como veremos la coherencia de la reconstrucción de los hechos puede tener una importancia no despreciable en sede de decisión , con la posibilidad de que el proceso se remita a una realidad de los hechos entendida como correspondencia con la realidad empírica, recordando que el conocimiento de los hechos se funda sobre la máxima correspondencia posible entre lo que afirma el juez y lo que ha sucedido verdaderamente en el mundo real, pues se trata de la cuestión de si es posible el conocimiento de la verdad absoluta de los hechos o si sobre estos es posible un estado de certeza total, incontestable, fuera de toda duda, pero Taruffo señala que el proceso no necesita de verdades absolutas, pues el mismo no es una empresa científica o filosófica, por lo que se puede contentar con mucho menos, es decir, con verdades relativas de distintos tipos, ya que de lo contrario sería necesario conocer la verdad absoluta de los hechos, sin embargo que por muchas razones aquella es imposible de conocer, por tanto el proceso no está en condiciones de proporcionar el conocimiento de ninguna  verdad y en consecuencia la determinación de la verdad no puede situarse entre sus finalidades institucionales.

 

Exclusión de la Verdad Absoluta

 

De lo anotado se desprende, que la exclusión de la verdad absoluta del conjunto de los objetivos cognoscitivos, concretamente posibles parecería significar la victoria total del escéptico sobre el racional, y así la doctrina señala que los criterios internos al proceso, como podrían ser, por ejemplo, la adopción de un modelo procesal indiferente a la verdad de los hechos, el empleo de criterios formales de prueba, la prevalencia de la disponibilidad de las partes o en el otro extremo el arbitrio del juez sobre las pruebas, de lo cual se deduce como resumen que la asunción de la verdad absoluta como correspondencia total de la determinación de los hechos con la realidad, en la función de valor límite, permite que en el ámbito del proceso se pueda hablar sensatamente de verdad relativa de los hechos como aproximación a la realidad, sin caer en círculos viciosos.

 

Hipótesis Teórica de la Verdad

 

De todos modos debo nuevamente manifestar, que el problema de la posibilidad de conocer la verdad absoluta no es de por sí relevante para el proceso, si lo es, en cambio, la hipótesis teórica de la verdad absoluta como absoluta correspondencia entre la determinación judicial y los hechos del mundo real, ya que estas sirven para fundamentar conceptualmente una perspectiva en la que el problema de la determinación  de los hechos se plantea racionalmente en términos de modalidades y técnicas para obtener la mejor verdad relativa, es decir, la mayor aproximación de la determinación  de los hechos a la realidad, pues la dicotomía entre verdad relativa y verdad absoluta, permite evitar confusiones con otras cosas que también suceden en el proceso, especialmente las pruebas legales, de tal modo que la regulación legal de la eficacia de las pruebas está en la antítesis de la determinación de los hechos en términos de verdad, ya que procura típicamente que el juez juzgue los hechos sobre la base de parámetros distintos de aquellos que afectan a la aproximación de la realidad.

 

Verdad Judicial vs Verdad Material

 

Este tema es problemático, pues los juristas se plantean, por un lado, la verdad judicial, la verdad formal, que sería establecida en el proceso por medio de las pruebas y de los procedimientos probatorios, y por otro lado una verdad material, histórica, empírica o simplemente verdad referida al mundo de los fenómenos reales, o en todo caso, a sectores de experiencia distintos del proceso y que se obtendrían mediante instrumentos cognoscitivos distintos de las pruebas judiciales.

 

 

Es habitual también distinguir, entre una verdad relativa, que es típica del proceso y una verdad absoluta, que exigiría algún lugar fuera del proceso; de lo que se concluye que la distinción  entre verdad formal y verdad material, es según Taruffo, inaceptable, por varias razones que la doctrina menos superficial ha puesto en evidencia desde hace tiempo, pues parece insostenible la idea de una verdad judicial que sea completamente distinta y autónoma de la verdad real por el solo hecho de que es determinada en el proceso y por medio de las pruebas.

 

De lo que se concluye, que la verdad del proceso, tiene algunas peculiaridades relevantes que derivan de su visión conceptual, y la consecuencia es que la verdad material entra en el proceso creando problemas ulteriores, de lo que se concluye que el hecho es que la distinción entre verdad formal y material deja sin definir la última de ellas, identificada únicamente por oposición con la verdad formal, que se considera la típica del proceso.

 

Al final se concluye señalando, que la única verdad que importa, es la que es la establecida por el juez en la sentencia, ya que fuera de ella no hay ninguna otra verdad que interese al Estado o a la administración de justicia o mucho menos a las partes.

 

De acuerdo a Taruffo, un enunciado descriptivo es verdadero si y solo sí se corresponde con un hecho; un enunciado verdadero describe un hecho que ocurre o en el caso de un enunciado sobre el pasado, un hecho que ocurrió; por el contrario, un enunciado falso da cuenta de un hecho que no ocurre o no ocurrió.

 

La verdad, es en suma la correspondencia con un hecho, pero también señala de si es posible el conocimiento de la verdad absoluta de los hechos y si sobre ellos es posible un estado de certeza total e incontestable; y aquí nace la pregunta ¿Si hay que buscar la verdad procesal o la verdad real?, y concluye Taruffo diciendo, que la prueba judicial se halla sujeta a regulación legal en diversos aspectos: la admisibilidad de los diferentes medios de prueba posibles, la formación de la prueba en el proceso, la valoración de la prueba producida y, por último, la exposición en el fallo de los juicios acerca de los hechos probados en el proceso.

 

Tras descartar las nociones de verosimilitud y probabilidad para su reconstrucción teórica, el maestro Michel Taruffo, asume la noción de verdad por correspondencia, alegando que ella representa una versión epistemológicamente moderna y metodológicamente adecuada de la verdad, propuesta por Tarski; de tal modo, que de acuerdo a esta noción, un enunciado descriptivo es verdadero si, y solo si, se corresponde con un hecho, un estado de cosa real, esto es un enunciado verdadero describe un hecho que ocurre en el caso de un enunciado sobre el pasado, un hecho que ocurrió; por el contrario, un enunciado falso da cuenta de un hecho que no ocurre o no ocurrió; de tal modo, que la verdad es en suma, correspondencia con un hecho.

 

Taruffo, agrega, la cuestión de si, es posible o no el conocimiento de la verdad absoluta de los hechos y si sobre ellos es posible un estado de certeza total e incontestable. La respuesta que da, es que no siendo el proceso judicial una empresa científica, no resulta necesario establecer verdades absolutas, siendo suficiente establecer verdades relativas que permitan ofrecer una base razonablemente fundada a la decisión; de tal modo, que según el maestro italiano mencionado, estas observaciones constituyen un punto de partida adecuado para la discusión acerca de las cuestiones referentes a la prueba y a la determinación de los hechos.

 

El Art. 27 del Código Orgánico de la Función Judicial, señala, que se debe buscar la verdad procesal, mientras que el Art. 78 de la Constitución de la República y el 130.10 del Código Orgánico de la Función Judicial, señalan que el objetivo es buscar la verdad y entonces nace la interrogante: ¿qué es la verdad?

 

Al respecto, el maestro Piero Calamendri, señala: “Entre la previsión del abogado y la verdad oficial que se escribirá al final de la sentencia se interpone toda una serie de obstáculos a través de los cuales se enreda y en consecuencia se rompe el hilo de la previsión: misteriosos interruptores psíquicos que desvían o impiden totalmente el paso de la corriente”.

 

El mismo maestro, señala: “Se enseña en las cátedras que la verdad escrita en las sentencias no es sino el hecho filtrado a través de la mente del juez. Pero en realidad las cosas son mucho más complicadas: antes de llegar el hecho a la mente del juez, tiene que pasar a través de la narración que de él haga cada litigante a su defensor y después en la fase instructora a través de los olvidos o de las reticencias de los testigos, y más tarde aún, en el debate final, a través de las no imparciales reconstrucciones de los defensores. Y, por último, llega al juzgador; no por un solo camino que corra a la luz del sol, sino por dos diversas y tortuosas rutas que en gran parte discurren por túneles, ya que tienen que atravesar los oscuros meandros del espíritu humano”.