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EL JUICIO ORAL EN EL COGEP

jueves 16 de marzo del 2017 | 10:07

Última actualización: lunes 17 de abril del 2017 | 11:41

 

 

EL JUICIO ORAL EN EL COGEP

 

 

Autor: Dr. Pablo Castañeda

 

La vigencia del Código Orgánico General de Procesos, plantea la necesidad de quienes forman parte del sistema judicial,  abogados y funcionarios judiciales de afrontar el  reto de su aplicación, por lo que es conveniente revisar el tema.

El juicio oral existía ya en el imperio romano (27 a 284 AC),
lo escrito surge con la apelación, para facilitar la revisión por la instancia de alzada.

 

El Tribunal de Aguas de la Vega de Valencia (960), es un antecedente de oralidad, en 1216, el Papa Inocencio III ordenó fijar por escrito los juicios; en la edad media la escritura se consolidó.

 

En el s. XIX, Francia,  con la codificación napoleónica se recupera la oralidad procesal, sigue la ley alemana de 1887, luego en Austria; en América latina el Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal, propuso el Código Procesal Civil modelo para Iberoamérica.

 

Los artículos 10 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 8  de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, 14  del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, hacen referencia al derecho a ser oído por la autoridad competente, la oralidad es una obligación supranacional para los Estados suscritores.

 

La oralidad como principio legitima la administración de justicia, porque el proceso por audiencias realiza a plenitud los principios procesales de un sistema judicial eficiente, fortalece la democracia y da seguridad jurídica a los negocios en un país. 

 

Para Olga Restrepo  (2006) en un estado intervencionista, como es el constitucional, el Juez debe intervenir activamente en el proceso y no ser un mero arbitro de las partes, ni receptáculo de las pruebas de las partes que  puesto que si bien a las partes les asiste un interés, este es de naturaleza sesgada  individual y privada de sacar adelante sus pretensiones y defensas.

 

CONDUCCIÓN DE LA AUDIENCIA

 

Desde la calificación  de la demanda y su contestación, se debe identificar de manera temprana las teorías del caso que proponen las partes, y definir los problemas jurídicos de la litis para una adecuada preparación de la audiencia.

 

El Juez construye un “plan de caso” que contiene un esquema de las decisiones judiciales a adoptar, jurisprudencia y base legal, ruta para la dirección de la audiencia. Cuando se trata de asuntos de puro derecho, pues se dictará sentencia oral en la audiencia preliminar.

El manejo de la audiencia depende de la preparación.

 

DIALOGO EN LA AUDIENCIA

 

En la audiencia las herramientas de comunicación son: debate, diálogo y discurso.

 

La palabra audiencia viene del latín “audire” que significa oír.

La actitud dialógica es condición necesaria para la dirección material de la audiencia en la búsqueda de la verdad y en la legitimidad de la decisión judicial, porque es el sello de humanización del proceso, lo cual justifica la oralidad.

 La actitud dialógica también es antídoto de los conflictos que nos genera la “disonancia cognitiva”, la cual se presenta en la audiencia cuando no existe armonía, congruencia o consonancia entre lo que escuchamos y lo que nos convence.

 

La dirección crea un ambiente favorable para la comunicación racional, en donde ha de predominar la mentalidad abierta, prima la lealtad procesal que como consecuencia de la buena fe, excluye las trampas judiciales.

 

LA DIRECCIÓN DE LA AUDIENCIA

 

El desarrollo de la oralidad requiere de una eficiente comunicación humana verbal y no verbal, conforme lo señala William Hernández (2009).

La comunicación humana no es sólo verbal pues está enriquecida con signos no verbales.

 

Los estudiosos del tema señalan que la comunicación tendría un componente no verbal de hasta un 60% o 70%;  en la oralidad se requiere mayor dominio, y ante todo, capacidad de síntesis para que sea racional, coherente y comprensible.

 

El estilo del juez en la audiencia  es preciso y asertivo, consiste en hacer uso del lenguaje con énfasis en la agudeza y la exactitud, con palabras sencillas y maneras suaves, sosegado, sin retórica artificiosa, ordenado, centrado en la claridad de lo que expone, para que los presentes en la audiencia entiendan la decisión judicial y las razones en que se sustenta.

 

La verdad es un ideal al que se aspira sin que sea conseguible en términos absolutos, la verdad es la coincidencia
 con la realidad y un valor, en el proceso judicial la verdad es relativa, la verdad procesal, el proceso debe ser verosímil, es decir, lo más próximo posible a la verdad.

 

La verdad procesal se basa en los hechos judicialmente relevantes, los cuales no se conocen directamente por el juez, sino como una representación o un juicio sobre ellos.

 

Para Jairo Parra (Parra, 2006):

1.    Las partes no tienen derechos adquiridos sobre verdades aparentes.

2.    El juez debe ser activo en la búsqueda de la verdad. “(…) Es parcial en la búsqueda de la verdad y, con este proceder, es imparcial con las partes (…)”.

3.    Se protege intereses de terceros (evita la seudo-verdad).

 

El Juez puede ordenar las pruebas de  oficio necesarias para el esclarecimiento de la verdad, el juez es proactivo, sin romper el equilibrio y el debido proceso, tiene como meta descubrir la verdad hasta donde fuere posible.

 

Las pruebas de oficio permiten fallar cuando no hay pruebas de las partes, pero tienen un límite razonable, la responsabilidad y carga probatoria de las partes.

Para Olga Restrepo  (2006) en un estado intervencionista, como es el constitucional, el Juez debe intervenir activamente en el proceso y no ser un mero arbitro de las partes, ni receptáculo de las pruebas de las partes que  puesto que si bien a las partes les asiste un interés, este es de naturaleza sesgada  individual y privada de sacar adelante sus pretensiones y defensas

 

 

LA AUDIENCIA

 

Siguiendo a  Pablo Bonorino (2006),  la audiencia implica un “debate judicial”, de desacuerdos o disputas reguladas por el procedimiento; la acción comunicativa suele desarrollarse en tres niveles o estilos jurídicos, dependiendo del momento procesal, diálogo, debate y discurso.

 

El diálogo,  es un intercambio discursivo argumentativo en donde los participantes buscan la verdad o tratan de resolver un problema de la mejor manera posible. Según lo indicado en la audiencia inicial básicamente hay un diálogo jurídico del juez y las partes, particularmente al momento de fijarse el litigio, o cuando se invita a las partes a conciliación y al decretar o recaudar las pruebas; la audiencia de pruebas, esto es la práctica de los interrogatorios, los peritajes, etc., son momentos procesales en donde predomina el diálogo.

El debate  es el enfrentamiento directo entre las partes respecto de valoraciones probatorias, fácticas o normativas relacionadas con el caso concreto.

Los recursos  de impugnación son ejemplo del debate,  porque el recurso de apelación o reposición deberá sustentarse en la audiencia y en ella misma se dará traslado a los demás sujetos procesales para la réplica argumentativa correspondiente.

El discurso es la intervención de las partes en la audiencia, que busca convencer y persuadir, bajo los criterios de integralidad fáctica y normativa, sin lugar a interrupciones y con la especial predisposición a ser atentamente escuchados.

El juez se convence con razones jurídicas y fácticas debidamente probadas en el proceso, sin excluir la persuasión, recurso retórico basado en los  sentimientos.

El convencimiento es interno, la persuasión es externa, inducida.

Normalmente en la audiencia repudiamos los intentos de persuasión, y en cambio valoramos el camino del convencimiento, el que nos acerca a la verdad del caso.

 

LA ADMINISTRACIÓN DEL TIEMPO

 

 

El Juez requiere habilidades para escuchar y recordar las intervenciones orales de los sujetos procesales en la audiencia, diversos autores aconsejan  tomar apuntes que ayuden a memorizar, reconstruir argumentos, para efecto de apoyarlos o refutarlos en la decisión judicial, en la audiencia dependemos de la memoria.

 

La correcta administración del tiempo en la Audiencia es un reto para la dirección técnica de la misma. El “tiempo es oro” para el despacho judicial y para los sujetos procesales. Los abogados y abogadas litigantes normalmente están interesados en que la audiencia se desarrolle en el tiempo razonable y absolutamente necesario. Si el despacho judicial ha preparado adecuadamente la audiencia se ahorrará tiempo porque las “sorpresas” procesales serán mínimas. Desde luego, que el ahorro del tiempo no puede significar atropello al debido proceso. Se trata de guardar un delicado equilibrio que sólo se podrá ponderar en cada audiencia concreta y con la particularidad de los actores que intervienen en ella. Controlar los abusos del tiempo en las intervenciones de los sujetos procesales es una de las decisiones más difíciles. Si algún abogado o abogada se ha extendido más allá de lo razonable sería recomendable que se le invite a concretar sus argumentos. Incluso el juez podría hacer un breve resumen para ordenar las ideas expuestas y apremiarlo para que concluya.

 

La administración del tiempo no significa apresuramiento pues muchas veces es necesaria la pausa, como parte de la dinámica de la audiencia.

 

Para la dirección de la audiencia el juez tiene dos herramientas:

 

(i) la suspensión; implica un tiempo de días;

(ii) el receso; en momentos puede ser necesario consultar normas, sentencias o un respiro para tomar una decisión judicial, se puede recurrir al “receso”, para propiciar reuniones con todos los abogados, con el fin de requerir precisiones, aclaraciones o explicaciones en torno a las posiciones y peticiones que presenten;

 

Los poderes del juez en la audiencia,  los principios de la oralidad están unidos a los poderes del juez para dirigir el proceso; el sistema oral ha renovado en el juez, una posición central y activa en el proceso, para lo cual debe contar las herramientas procesales ágiles y eficientes, que hagan valer su autoridad y así conducir el proceso con la mayor celeridad posible, con el respeto al debido proceso, en busca de la verdad para llegar a la decisión judicial más acertada.

 

LENGUAJE NO VERBAL

 

En la audiencia el lenguaje corporal transmite un “lenguaje silencioso”,  el cual percibimos con una codificación social, este influye en la argumentación; el juez debe controlarlo para que se forje un ambiente de imparcialidad, de búsqueda de la verdad.

 

Los ojos, pueden emitir señales de aprobación o negación, los ojos son el espejo del alma, mirada fija y sostenida es una forma de amenaza para muchos animales y desde luego para los seres humanos, la mirada evasiva siembra dudas de honestidad o transparencia.  Una mirada fija al computador, papeles, un solo punto puede despertar desconfianza en las partes.

 

Es recomendable que la mirada se atenta, espontánea, respetuosa, sincera.

Las cejas en movimiento, pueden significar sensibilidad social; cejas elevadas incredulidad; medio elevadas, sorpresa; fruncidas a medias, confusión; totalmente fruncidas, enfado.  Lo ideal es mantener las cejas relajadas, normales, y evitar que el subconsciente emita gestos involuntarios. Las posturas corporales notorias, posición de las manos, pueden interpretarse.

 

LA AUDIENCIA EN EL PROCEDIMIENTO ORDINARIO

 

La mayoría de conflictos que regula el COGEP, se tramitarán en el procedimiento ordinario que posee dos audiencias: preliminar y juicio.

Audiencia  Preliminar

es la primera audiencia dentro del procedimiento ordinario que se realiza en el proceso contencioso administrativo y se encuentra regulada en el COGEP.

 

Tiene como objetivos:

1.    Sanear los vicios,  de oficio o a petición de parte.

2.    Resolver las excepciones previas: cosa juzgada, caducidad, transacción, conciliación, falta de legitimación  en la causa, prescripción, caducidad.

3.    Fijar el objeto del litigio.

4.    Promover conciliación.

5.    Señalar la fecha de la audiencia de juicio

6.    Atender las pruebas que requieran diligencia-orden judicial

 

Si en la audiencia inicial prospera alguna de las excepciones mencionadas se da por terminado el proceso cuando haya lugar a dicha terminación; si se requiere la práctica de pruebas para comprobar la existencia de alguna excepción se podrá abrir un término de prueba para obtenerlas y al reanudar se decidirá al respecto.

Audiencia de juicio.

 

Se practican las pruebas de conformidad con lo señalado con las pruebas presentadas o anunciadas en la demanda, ratificadas y admitidas en la audiencia preliminar.

 

Las audiencias se realizan sin interrupción, la emisión de sentencia en temas como la niñez está prohibida, solo se suspende en caso excepcional, cuando en razón de la complejidad del asunto se lo considere necesario.