DEFINICIÓN

Es la tendencia a despojar de significación política a temas y cuestiones de interés general. Consiste en dejar fuera del debate político a determinados asuntos para que su resolución o tratamiento no sufra las distorsiones de la pasión política. Aunque no existe cuestión alguna que pueda estar totalmente al margen de la política —que, en su sentido más amplio, es todo lo que interesa a la organización social o se relaciona con ella— se hacen esfuerzos para sacar del contexto político, vale decir, de la discusión de los políticos, a ciertos asuntos técnicos a fin de que su manejo sea más frío y reposado.

Todo en la vida social es susceptible de politizarse: la literatura, la ciencia, las artes, el deporte, la sexualidad, las costumbres, la reacreación. Y de hecho, bajo los regímenes totalitarios, estas manifestaciones de la vida humana estuvieron altamente polítizadas y controladas por la autoridad pública, que penetró en los intersticios de la trama social. En su intento de vigilar, por medio de ubicuos y eficientes aparatos policiales, todas las facetas de la vida cotidiana, incluidos el fuero interno y las convicciones íntimas de las personas, los regímenes totalitarios politizaron todas las manifestaciones humanas.

Cuando se habla de despolitizar la idea es dejar fuera de la consideración de la autoridad pública y de la incumbencia de los políticos algunos sectores de la vida cotidiana que intrínsecamente no son políticos. Naturalmente que la despolitización tiene grados. Puede ir desde una razonable desvinculación de determinados elementos de la vida individual, familiar y social de las influencias políticas —gubernativas y partidistas— hasta el extremo, muy del gusto de la gente de Derecha, de despolitizar todo, incluso aquello que es esencialmente político, con el propósito inocultable de dejarlo fuera de la mirada pública y enteramente librado a la voracidad privada. Con frecuencia oímos a los políticos conservadores decir que “el hambre no es de Derecha ni de Izquierda” o que “la enfermedad no tiene partido ni color político”. Creen ellos que con esto han discurrido cosa de sustancia. No se dan cuenta de que lo que han dicho es una falacia. El hambre, la enfermedad y la marginación sí tienen color político: son el fruto de muchos años de políticas de Derecha que concentraron piramidalmente la riqueza y los beneficios de la vida social. Y la solución a esos quebrantos sociales tiene también un color político.

Dr. Rodrigo Borja Cevallos